Pablo Rojas Paz, que había conocido a Lola Mora cuando era niño y la vio mientras trabajaba con sus obreros montando la estatua de la Libertad en la plaza Independencia (1904), decía que “era… una gloria local a cuyo paso se descubrían los señores y se hacían lenguas las mujeres”.
Por esos años la escultora, favorecida por la élite tucumana y de gran amistad con Julio Argentino Roca y otras figuras de la política nacional, tenía amplio apoyo en Italia y en el país. Y también gozaba del interés de la prensa. Por eso las inquietudes que despertaron entre 1900 y 1903 los desnudos de las estatuas de la fuente de las Nereidas quedaron opacadas por las celebraciones.
El 5 de junio de 1903 fue llamativo el banquete que le ofreció el Club El Progreso en Buenos Aires, con 30 comensales (foto). “Viendo a Lola Mora rodeada por caballeros, como única de su sexo, es de preguntarse si alguna mujer de Buenos Aires hubiera sido capaz, en 1903, de aceptar un convite de esa naturaleza. Y, consecuentemente, son imaginables los comentarios escandalizados que el hecho debe haber despertado”, dicen Carlos Páez de la Torre (h) y Celia Terán, en su biografía sobre la artista. Cuentan que uno de los asistentes, el tucumano Mariano Valladares, la cubrió con una lluvia de rosas deshojadas, “como tributo a la naturaleza a la que magistralmente supo imitar con su creación más selecta”, y dijo: “con la cosquilla misteriosa de tu cincel despertaste el dormido mármol de Carrara a la vida sin muerte de tu obra”. Además, criticó a los “pudibundos de escrúpulos monjiles” que “gritan por ahí que es insolente el verismo de sus carnes marmóreas”.
Recuerdos fotográficos: 1899. Lola Mora, escultora famosa con pantalón campesinoEs cierto que Lola Mora recibió homenajes también de las universitarias porteñas, “muestra de la cariñosa simpatía de las damas que, como ella, se han dedicado al ejercicio de la inteligencia”.
Recuerdos fotográficos: ¿qué tocaba Lola Mora en su piano?Los autores cuentan también de los agasajos que recibió la escultora en Tucumán en septiembre de 1904, después de la inauguración de los bajorrelieves de la Casa Histórica, la estatua de la Libertad y el monumento a Juan Bautista Alberdi. Hubo homenajes en la Sociedad Sarmiento y en el Club Unión de Monteros, con “aclamaciones delirantes, aplausos atronadores y una lluvia de flores”. Luego, en el Hotel Nacional de la Capital, hubo un banquete ofrecido por “un grupo de caballeros, admiradores de la artista”, entre los que estaban Ricardo Jaimes Freyre, José Antonio Olmos, quien dos días más tarde sería elegido gobernador de la provincia, y el ex mandatario Lídoro J. Quinteros. Añaden Páez de la Torre y Terán: “La crónica sólo habla de ‘caballeros’ y no menciona a ninguna señora. Es un dato revelador de las reservas con que Lola Mora era mirada por las esposas en general. Podían asistir a la inauguración de sus esculturas, a las misas en su honor, pero no solían compartir la mesa con esta mujer soltera, que tanta desenvoltura tenía para tratar con hombres casados y funcionarios, y que últimamente, se dedicaba a ‘esto del arte’, lleno de posibilidades sospechosas…”